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suite nº 8, 2006:  técnica mixta y chicle sobre lienzo, 130 x 97 cm.

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suite nº 10, 2008: técnica mixta y chicle sobre lienzo, 130 x 97 cm.

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suite nº 16, 2009: técnica mixta y chicle sobre lienzo, 130 x 195 cm.

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suite nº 15, 2008: técnica mixta y chicle sobre lienzo, 81 x 130 cm.

suite (2005-2011)

 

“Nacido de una mujer, mecido en un vientre femenino, el niño macho, al contrario de lo que sucede a la hembra, se ve condenado a marcar diferencias durante la mayor parte de su vida. Solo puede existir oponiéndose a su madre, a su feminidad, a su condición de bebé pasivo. Para hacer valer su identidad masculina deberá convencerse y convencer a los demás de tres cosas: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual” (Badinter, El. XY. La identidad Masculina)

La dificultad del hombre para construir una identidad masculina aceptable, edificada ésta en la negación, encuentra su punto álgido en la adolescencia. Durante el estadio temporal entre la niñez y la madurez, se prolonga (cada vez más) este espacio indefinido, eterno puente, donde se ponen en práctica los más variados ritos de paso. Pruebas que, en un tórrido verano la chicos guardan con recelo en su cabaña; rituales que encierran la llave de la definición. 

Haciendo uso de la memoria, la mía propia/ la de los otros, introduzco los mecanismos nemotécnicos en mi obra y los hago tangibles. Como adolescente que fui, o sigo siendo, hablo precisamente de esas pruebas que aguardan a cada rincón y que sumen al chico en la indiferencia, la duda o el desasosiego ante la exigencia de adoptar un rol y una identidad normativa, productiva para el sistema binario adulto. El joven reivindica la ambigüedad: como si ésta pudiera destilarse a través de su piel y dar ese aspecto en ocasiones andrógino que nos ofrece la construcción de su identidad.

Las serie suite abarca la masculinidad adolescente dentro de internet. Y es que este mass-media, promiscuo por naturaleza, nos ofrece gran cantidad de estos cyborgs medio construidos.

 

Innumerables páginas exhiben material pornográfico supuestamente proscrito: pubertad es estado puro para el disfrute voyeurístico adulto. Muchos son modelos mayores de dieciocho que ponen en funcionamiento roles de género identificados con la adolescencia; en otras ocasiones son adolescentes que nos miran con insolente lascivia previo pago. Entre la fotografía de estudio y la suciedad amateur, estas imágenes se encuentran en el borderline de lo legal. Dichas fotografías, de las que me apropio, ya son construcciones en sí mismas y son las que empleo para posteriormente transformarlas en la serie Suite. Por ello, utilizo lo que la imagen me ofrece, hago un uso consciente de sus significantes, para deconstruirlos y plasmarlos en un nuevo constructo visual: la pintura se constituye como arma subversiva, desautorizando la imagen referente y mostrando los dispositivos de poder que la vehiculan, gracias a los mecanismos lentos de reproductibilidad, propios al medio pictórico. Y el chicle: material que se transmuta, con su sexualizada elasticiadad nos sume en estas suites salivadas, espacios a caballo entre el deseo y el rechazo, donde al espectador no le queda elección.